El Caronte vino anoche en trajinera
a venderme el paseo de Virgilio.
Yo no quiero que me veas vos, ingrata,
de esta forma, triste y conmovido.
Ya no espero ese beso victorioso
ni tus tantos desprecios impartidos,
solo quiero aferrarme a tu recuerdo
en el húmedo destierro de tu olvido.