Parallel Falls

Mecido por la mano de Morfeo, en el apogeo de un loco desvarío, se vio así mismo pero distinto. Al principio justificó la ilusión como propia de un espejo; pero al ver que sus movimientos, en sus gestos y los del otro, eran distintos, se estremeció.
No había reparado en la corriente serena pero movediza que deslizaba la balsa sin prisa. En frente había otra balsa y otros ¿náufragos? Entonces tuvo conciencia de que estaba acompañado. Cada uno de los ocupantes, que eran sus amigos, tenía un alma equivalente en el otro río. Un curso de agua análogo, similar pero más cristalino, que corría junto al propio río, separado por un cordón de tierra yerta.
Había algo impreciso en la aparente similitud de las dos tripulaciones. Él lo comentó con sus amigos, y todos coincidieron en que la diferencia existía, pero les resultó indescifrable.
Después de un par de sobresaltos, producto de unos rápidos, siguieron su derrotero con la quietud inicial. Pero ahora, todos estaban un poco exaltados. Mientras tanto del otro lado no se escuchaba ni un suspiro. Los otros los seguían mirando, pero no fumaban, no bebían, no se condescendían mutuamente. Conforme las horas pasaban, más estáticos y observadores se ponían.
Alertado por el grito de uno de sus amigos, él observó con horror como la línea del horizonte próximo, rebanaba el agua cenicienta bajo un refulgente cielo rojo. El río se terminaba. Y el rugido de lo que se anunciaba como una gran catarata, dibujó un rictus de terror en las caras de todos. Pero nadie se movió sino para observar a los otros, que ahora miraban al frente con alegre semblante.
Se despertó sobresaltado con el despertador bailando junto a su cabeza. Cuando se incorporó parcialmente en la cama, no pudo ver ni su cara sudada ni sus ojos rojos. El reflejo del espejo le devolvió la imagen de un hombre que dormía sereno.

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