Del doblaje y otras monstruosidades

Unknown

Fue a cuento de una charla que tuve con unos amigos que recordé un artículo de Borges publicado en la revista Sur, en el que el escritor hablaba sobre el doblaje en el cine.

Comentábamos lo común que es encontrarse con películas dobladas en los cines de países como España, Italia o Alemania. Yo mismo he tenido la desgracia de terminar en una sala de cine madrileña, viendo a Robert De Niro tirarle a Joe Pesci un “¡Qué te den por culo!” en perfecto español y en total desincronización con el movimiento de sus labios. Un horror.

Tengo entendido que, en el caso de los españoles, existe una ley de proteccionismo de la lengua que avala esta práctica. Ley de vieja data que fue profundizada en tiempos franquistas para aprovechar las ventajas de poder modificar o censurar los contenidos originales de las películas –y otros formatos- con fines propagandísticos.

Hay gente que defiende esta forma de ver cine, pero creo que somos más quienes preferimos ver una performance completa de los actores, y no una suerte de marioneta vernácula en la piel de un chico de Hollywood.

Al respecto fue Borges el que tuvo algo que decir:

«Las posibilidades del arte de combinar no son infinitas, pero suelen ser espantosas. Los griegos engendraron la quimera, monstruo con cabeza de león, con cabeza de dragón, con cabeza de cabra; los teólogos del siglo II, la Trinidad, en la que inextricablemente se articulan el Padre, el Hijo y el Espíritu; los zoólogos chinos, el ti-yiang, pájaro sobrenatural y bermejo, provisto de seis patas y cuatro alas, pero sin cara ni ojos; los geómetras del siglo XIX, el hipercubo, figura de cuatro dimensiones que encierra un número infinito de cubos y que está limitada por ocho cubos y por veinticuatro cuadrados. Hollywood acaba de enriquecer ese vano museo teratológico; por obra de un maligno artificio que se llama doblaje, propone monstruos que combinan las ilustres facciones de Greta Garbo con la voz de Aldonza Lorenzo. ¿Cómo no publicar nuestra admiración ante ese prodigio penoso, ante esas industriosas anomalías fonéticovisuales?”

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